lunes, 25 de abril de 2011

Lo que Jesús quiere de nosotros

Ha finalizado otra Cuaresma más. Llegamos de nueva cuenta, a otra Semana Santa. Es una época para detenerse a meditar y reflexionar acerca de lo que Jesús quiere de nosotros, no sólo en esta época tan bella, sino para toda nuestra vida. Y comparto con ustedes estos pensamientos, a los cuales he llegado luego de mi primer fin de semana de Semana Santa 2011, desde mi perspectiva de cucurucho.

Vamos por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Hombres, mujeres, ancianos, menores y mayores, niños y adultos, profesionales y obreros. Todos vamos en pos de un "Jesús", de un cortejo procesional que nos dejará unas pocas horas de euforia y emociones. Salimos todos de golpe para encontrarnos con el Nazareno, sufriente y doliente por nuestros pecados. Muchas veces nos olvidamos de ese gran sacrificio que hiciera Él hace casi ya 2 mil años, y asistimos como si fuéramos a un evento social o cultural. Además de ir impeclablemente acicalados (con la indumentaria que el cortejo amerite), vamos equipados con cámara fotográfica, celular (muchos ya con conexión a internet), dinero, y otros artilugios materiales, "listos para la procesión". Una vez integrados al cortejo, nos sumamos a filas y casi siempre en ellas vamos comentando lo que suceda durante el desarrollo del mismo o criticando la organización del mismo, en lugar de ir en una actitud de oración y reflexión. Cabe que nos preguntemos a nosotros mismos ¿Qué quiere Jesús de nosotros?

Jesús quiere que nosotros seamos bondadosos y generosos; no malvados y envidiosos. Él quiere que amemos y ayudémos a nuestro prójimo y no que nos amemos y ayudemos únicamente a nosotros mismos en nuestros fines envidiosos. Lo que Jesús realmente desea, es que pongamos en práctica su enseñanza, y no que simplemente la conozcamos y recitemos de memoria; al final seremos salvos por nuestras obras y nuestro ejemplo de vida. Jesús no quiere que vayamos 12 o más horas en forma ininterrumpida en un cortejo procesional, si al salir vamos a seguir con nuestra misma mala actitud; estoy seguro que preferiría que no fuéramos a ningún cortejo, pero que cambiemos un poco nuestra actitud y forma de ser. Él no quiere que le estemos tomando fotos a cada poco, causando caos y desorden; quiere que lo apreciemos y pensemos en el sacrificio que hizo por nosotros. En lugar de pagar y gastar tanto dinero en suntuosidades para una imagen o en la organización de un cortejo procesional, preferiría mil veces que con ese dinero ayudemos a quien más lo necesita. En lugar de guardar y coleccionar turnos, programas u otros recuerdos, quiere que coleccionemos en nuestra mente y nuestro corazón todas las enseñanzas que nos dejó a su paso por esta tierra. No quiere que en su nombre hagarmos un sacrificio o un esfuerzo físico por unos días; quiere que siempre hagamos ayuno, oración y penitencia. Hay tantas otras cosas que Jesús quiere de nosotros.

Todo lo que escribo lo hago luego de pensar durante estos días en lo que realmente hacemos al participar en un cortejo procesional. Y lo hago porque me examino y cuestiono en mi individualidad lo que realmente el Señor quiere de mí como cristiano católico, pero muy especialmente como cucurucho. Y claro está, la reflexión que hago es un autoexamen a mi persona, mi actuar y desenvolvimiento individual. Porque al final de nuestras vidas Jesús no nos preguntará en cuántas procesiones y cuántos años lo llevamos sobre nuestros hombros; nos preguntará si pusimos en práctica sus enseñanzas qué hicimos para dar ejemplo de ser sus seguidores.

A todos mis amigos y alguno que otro lector, les deseo unas felices Pascuas de Resurrección 2011. Ojalá que el Señor me permita vivir una nueva Cuaresma y Semana Santa en Guatemala. 22 de febrero 2012, Miércoles de Ceniza.


Daniel Enrique Ambrosio Zapón

lunes, 18 de abril de 2011

El llanto del payaso


No recuerdo muy bien muchas cosas o acontecimientos de mi niñez. Pero en mi mente están bien claros muchos momentos que he vivido en algunas Cuaresmas y Semanas Santas en mi querida Guatemala.

Dentro de mi familia tenemos una especial devoción por el Nazareno Mercedario, inculcada por nuestro abuelo (ya fallecido) y seguida por mi papá y mis tíos, quienes la mantienen y conservan y que ha pasado únicamente a mí, a mi hermana y a mi hermano. Es por ello que todos los viernes santos de mi vida, los he pasado acompañando al Patrón Jurado de la Ciudad de Guatemala, desde los brazos de mi papá y mi abuelo, hasta nuestros días, en los que voy acompañado de mi señor padre, mi hermano, mi mamá y mi hermana (ahora también mi novia; felizmente, se están incorporando nuevamente otros familiares).

Era un Viernes Santo de un año que ya no recuerdo. Estaba yo bastante pequeño, ya que ni siquiera llevaba aún sobre mis hombros a San Juan, discípulo amado de Nuestro Señor, pero ya acompañaba al Nazareno de Zúñiga, vestido como cucurucho, de la mano de mi papá. Acudíamos a la procesión y nos incorporábamos aproximadamente a las 9 o 10 de la mañana y siempre (esto lo guardo muy bien en mi memoria) nos despedíamos de Jesús en el parque infantil Colón. Y precisamente llevo dentro de mis recuerdos de Semana Santa, una marcha fúnebre, tan especial por su ritmo, sentimiento que imprime y por la intervención de un instrumento de viento en especial, el pícolo. Seguramente ya saben a qué marcha hago referencia, Ione, de Enrico Petrella. En las ocasiones que recuerdo haberla escuchado (y seguro por eso la llevo bien grabada en mi mente), siempre fue en las inmediaciones del parque Colón, a eso de las 2 de la tarde, cuando Jesús se dirigía ya hacia su templo. En una ocasión, mientras la banda de música interpretaba la mencionada marcha, y precisamente intervenía el pícolo, mi papá me dijo “es el payaso que está llorando, porque Jesús ya se va a morir”. Entonces en mi infantil mente recuerdo que me puse a buscar entre la banda al payaso que lloraba por la muerte de Nuestro Señor, y no lo encontré. De particular forma el “llanto del payaso” se quedó grabado para siempre en mi memoria. Luego del paso del Nazareno y la Madre Santísima, y viendo cómo enfilaba el cortejo por la 11 avenida, emprendíamos el retorno a nuestro hogar, y como escribió don Carlos Díaz del Cid “…acaso deja libre la mano derecha para despedirse de sus devotos…”, era esa la despedida del Nazareno a nosotros.

Naturalmente, hoy en día la marcha fúnebre Ione está entre mis marchas predilectas y es una de las que más me gusta escuchar, porque trae a mi mente esos recuerdos tan especiales de mi niñez, que conservo en mis memorias de Semanas Santas en Guatemala, y muy especialmente, con el Nazareno del templo custodiado por los félidos melenudos centinelas.

Sean estas memorias un homenaje a mi señor padre, Gilberto Ambrosio, y a mi abuelo, Julio Ambrosio, quienes me inculcaron el amor y devoción a Jesús de la Merced, que espero conservar y mantener en mi mente y corazón hasta que Él me lo permita.


Daniel Enrique Ambrosio Zapón

domingo, 3 de abril de 2011

El Nazareno de Mixco

Quiero escribir hoy acerca de una de las grandes devociones familiares que existen: el amor y devoción en la familia Ambrosio por el Nazareno de Mixco, por "Jesús", como simple y sencillamente lo conocemos, sin recurrir a ningún apelativo para identificarlo.

La devoción al Nazareno de Mixco nace aproximadamente desde la década de los años 1940. Mi tío-abuelo Francisco Ambrosio y mi abuelo Julio Ambrosio, ingresan a la Hermandad de Jesús, que fuera fundada en 1914. Mi abuelo era el conserje de Jesús, se enargaba de limpiar su capilla y velar porque todo estuviera bien. Así empezó él a servirle a nuestro Nazareno (y escribo "nuestro", no porque  sea de nuestra propiedad, sino porque tenemos un sentimiento de pertenencia hacia Él). Así es como mi papá y mis tíos crecen viendo a Jesús como alguien de la familia, dada la cercanía que existía por el servicio de mi abuelo.

Hablar de la imagen es detenerme en observación histórica y estética. Es una imagen bellísima. Su mirada, su expresión, la forma como abraza el madero, las lágrimas de un Dios hecho hombre en su rostro, su boca entreabierta dejando ver su dentadura. Tantos aspectos y detalles escultóricos que hacen ser único al Nazareno, una escultura muy bien lograda que, sin afán de polemizar, debe causar envidia a otros. Pues esa es la talla que Dios quiso que se quedara con nosotros para que le rindiéramos culto. El "Jesús de los indios" o el "Jesús de los pobres", a mucha honra y orgullo. Creo que por la calidad, debe ser ubicado en los primeros años del siglo XVII, época de transición entre el manierismo y el barroco.

Cada Jueves Santo sale a recorrer las calles del pueblo que tanto lo ama. Los cucuruchos mixqueños se colocan su túnica y lo acompañan en su estación, el día de la institución eucarística y preludio a la hora de su agonía y prendimiento, momentos que dan inicio a la redención. Las maltrechas calles mixqueñas se ven profusamente adornadas por esas obras de arte efímeras llamadas alfombras, que como muestra de devoción y respeto por el Nazareno, "maquillan" las calles por donde pasará impartiendo su bendición.

Él es parte de nuestra vida familiar. Hace un par de años, participé en un documental acerca de datos históricos tanto de la imagen como de la Hermandad que lo tiene a su cargo. Es inevitable hacer mención que prácticamente ha sido mi familia quien ha forjado la "mísitica mixqueña" respecto a Jesús. Cortejos, eventos, acontecimientos, mejoras, innovaciones, procesos (consagración y restauración), todos bajo la dirección de personas que integran mi familia. Es un gran honor para nosotros, y a la vez un compromiso en un futuro hipotético en el cual alguno de nosotros sea llamado a prestarle nuestro servicio, como lo hicieran hace ya más de 70 años mi abuelo y mi tío abuelo.

Y qué decir del pentagrama: Él ha inspirado a varios maestros para la composición de diversas obras musicales.  El Nazareno de Mixco, de Víctor Manuel Lara Gaitán; Tristeza infinita, de Carlos Humberto Mendizábal; Flagelación, de Raúl González Obregón; y más recientes Bajo la mirada de Jesús de los Milagros, de Carlos Quezada y Nazareno protector perpetuo de Pedro Gonzalo Godínez. Y quién sabe cuántas más puedan crearse en el futuro.

Por todo lo escrito, "el Nazareno de Mixco" o "Jesús", toda una devoción.


Daniel Enrique Ambrosio Zapón