Ha finalizado otra Cuaresma más. Llegamos de nueva cuenta, a otra Semana Santa. Es una época para detenerse a meditar y reflexionar acerca de lo que Jesús quiere de nosotros, no sólo en esta época tan bella, sino para toda nuestra vida. Y comparto con ustedes estos pensamientos, a los cuales he llegado luego de mi primer fin de semana de Semana Santa 2011, desde mi perspectiva de cucurucho.
Vamos por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Hombres, mujeres, ancianos, menores y mayores, niños y adultos, profesionales y obreros. Todos vamos en pos de un "Jesús", de un cortejo procesional que nos dejará unas pocas horas de euforia y emociones. Salimos todos de golpe para encontrarnos con el Nazareno, sufriente y doliente por nuestros pecados. Muchas veces nos olvidamos de ese gran sacrificio que hiciera Él hace casi ya 2 mil años, y asistimos como si fuéramos a un evento social o cultural. Además de ir impeclablemente acicalados (con la indumentaria que el cortejo amerite), vamos equipados con cámara fotográfica, celular (muchos ya con conexión a internet), dinero, y otros artilugios materiales, "listos para la procesión". Una vez integrados al cortejo, nos sumamos a filas y casi siempre en ellas vamos comentando lo que suceda durante el desarrollo del mismo o criticando la organización del mismo, en lugar de ir en una actitud de oración y reflexión. Cabe que nos preguntemos a nosotros mismos ¿Qué quiere Jesús de nosotros?
Jesús quiere que nosotros seamos bondadosos y generosos; no malvados y envidiosos. Él quiere que amemos y ayudémos a nuestro prójimo y no que nos amemos y ayudemos únicamente a nosotros mismos en nuestros fines envidiosos. Lo que Jesús realmente desea, es que pongamos en práctica su enseñanza, y no que simplemente la conozcamos y recitemos de memoria; al final seremos salvos por nuestras obras y nuestro ejemplo de vida. Jesús no quiere que vayamos 12 o más horas en forma ininterrumpida en un cortejo procesional, si al salir vamos a seguir con nuestra misma mala actitud; estoy seguro que preferiría que no fuéramos a ningún cortejo, pero que cambiemos un poco nuestra actitud y forma de ser. Él no quiere que le estemos tomando fotos a cada poco, causando caos y desorden; quiere que lo apreciemos y pensemos en el sacrificio que hizo por nosotros. En lugar de pagar y gastar tanto dinero en suntuosidades para una imagen o en la organización de un cortejo procesional, preferiría mil veces que con ese dinero ayudemos a quien más lo necesita. En lugar de guardar y coleccionar turnos, programas u otros recuerdos, quiere que coleccionemos en nuestra mente y nuestro corazón todas las enseñanzas que nos dejó a su paso por esta tierra. No quiere que en su nombre hagarmos un sacrificio o un esfuerzo físico por unos días; quiere que siempre hagamos ayuno, oración y penitencia. Hay tantas otras cosas que Jesús quiere de nosotros.
Todo lo que escribo lo hago luego de pensar durante estos días en lo que realmente hacemos al participar en un cortejo procesional. Y lo hago porque me examino y cuestiono en mi individualidad lo que realmente el Señor quiere de mí como cristiano católico, pero muy especialmente como cucurucho. Y claro está, la reflexión que hago es un autoexamen a mi persona, mi actuar y desenvolvimiento individual. Porque al final de nuestras vidas Jesús no nos preguntará en cuántas procesiones y cuántos años lo llevamos sobre nuestros hombros; nos preguntará si pusimos en práctica sus enseñanzas qué hicimos para dar ejemplo de ser sus seguidores.
A todos mis amigos y alguno que otro lector, les deseo unas felices Pascuas de Resurrección 2011. Ojalá que el Señor me permita vivir una nueva Cuaresma y Semana Santa en Guatemala. 22 de febrero 2012, Miércoles de Ceniza.
A todos mis amigos y alguno que otro lector, les deseo unas felices Pascuas de Resurrección 2011. Ojalá que el Señor me permita vivir una nueva Cuaresma y Semana Santa en Guatemala. 22 de febrero 2012, Miércoles de Ceniza.
Daniel Enrique Ambrosio Zapón
No hay comentarios:
Publicar un comentario